SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. Es DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Miembro de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato. Socio activo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, y fundador y presidente de la SMGE Correspondiente en el Bajío de Guanajuato. Actualmente es Director de Integración de Planeación, Proyectos y Presupuesto, de la Dirección General de Obras y Conservación de la UNAM.

sábado, 3 de diciembre de 2016

DESVELANDO LA LEYENDA DEL TIGRE DE SANTA JULIA (TERCERA PARTE)



Jesús Negrete dio vida a “El Tigre”; su muerte, a la leyenda

Jesús Negrete vestido de charro, último día de su vida.
Se habían agotado todas las instancias para conmutar la pena capital que se había dictado a José de Jesús Negrete, “El Tigre de Santa Julia” por los delitos de homicidio cometidos en contra del gendarme Arnulfo Sánchez, el rural Regino Aguilar y los paisanos Marcelino Molina y Lauro Frías. La última, el presidente de la República, también se había negado a conceder el indulto al reo de muerte.
El martes 20 de diciembre, a las cuatro de la tarde, Negrete recibió la noticia en la celda número 88 de la crujía B, en la Penitenciaría del Distrito Federal.
Según informó El Tiempo, a la hora citada se presentaron en la celda 88 el juez primero presidente de debates, licenciado Everardo Gallardo, el Agente del Ministerio Público, licenciado José de la Garza y dos escribientes, acompañados por el Director del penal, Octaviano Liceaga. El reo recibió impávido a los funcionarios, y sin inmutarse, oyó la notificación de que el jueves 22, a las 6 de la mañana, sería ejecutado.
Por otro lado, el diario La Patria dice que Negrete se reusó a manifestar su conformidad, aunque ya lo había hecho su defensor, y que simplemente dijo “¡Qué he de hacer; así lo ordenan y no hay remedio!”.
Como la ejecución debía verificarse en la Cárcel de Belén, el Gobierno del Distrito Federal dispuso que Negrete fuera trasladado de la Penitenciaría a la Cárcel General, con todas las medidas precautorias para evitar una eventual fuga. Ahí pasaría toda la noche con centinelas de vista, recluido en la bartolina número 67 del segundo piso, antes de ser puesto en capilla durante veinticuatro horas previas a la ejecución.
A las seis de la mañana del día siguiente (21 de diciembre), se entregó al reo al Secretario del Gobierno del Distrito Federal, licenciado Ignacio Burgoa, quien a su vez lo entregó al Alcaide de la cárcel, Wulfrano Vázquez. Durante todo ese día, se ordenó silencio absoluto en la prisión, y no se permitieron visitas a los presos.

El último día, en capilla

En su edición del 22 de diciembre, el diario católico El Tiempo da cuenta detallada de las últimas horas de “El Tigre de Santa Julia”, conforme a la versión de los sacerdotes Durán y Villaláin, que asistieron espiritualmente a Negrete durante el tiempo que estuvo en capilla:
El segundo comandante de la escolta de capilla, teniente don Antonio Magaña, entró a la celda con el objeto de practicar una visita de inspección a la escolta y darle parte al comandante Larralde.
El Tigre vio a Magaña, y sonriéndole, dijo:
—  Me parece que conozco a usted.
Yo tampoco creo reconocerlo, contestó Magaña, pero no tengo fresco el recuerdo…
—  Probablemente el ejército, dijo Negrete; yo he sido soldado, agregó.
  También yo, se apresuró a decir el oficial de la gendarmería montada, fui teniente del 20 batallón y estuve en la campaña del Yaqui.
   Pues yo estuve en Sonora, cuando la guerra, dijo Negrete.
Siguió la conversación y acabaron por reconocerse mutuamente, como antiguos amigos y compañeros de armas, Negrete y Magaña.
Usted me simpatiza para amigo aunque sea en este trance triste, dijo Negrete a Magaña, y deseo tener con usted la última conversación de mi vida.
Guardó silencio durante algunos minutos, y de pronto dijo:
“Tengo que escribir algunas cartas y también varios versos, pero soy flojo para escribir, tengo pereza.
Yo le escribiré las cartas, Negrete, dijo Magaña, y los versos también, si gusta.
Acepto, mi jefe.
Negrete dictó tres cartas: una dirigida a su hija Leonila, para despedirse y enviarle cierta cantidad de dinero que le había obsequiado el Gobernador del Distrito, Guillermo de Landa Escandón; otra, al señor Octavio Liceaga, Director de la penitenciaría, pidiéndole que entregara algunos objetos que dejaba en el penal, a la persona que se presentara a recogerlos en nombre de su hija. La tercera carta fue dirigida al licenciado Justa San Pedro, su defensor, dándole las gracias por los servicios profesionales que le prestó en su juicio.
Después de las cartas, Negrete le dictó a Magaña varios versos: uno dedicado al comandante Lazarralde; otros, al señor Wulfrano Vázquez, jefe de la prisión; otro a la Sociedad, y uno a don Octaviano Liceaga. El Tiempo califica a los versos como “malos, muy malos, pésimos, podríamos decir, y muy vulgares”.
Después de una larga charla con Magaña, en la que Negrete hizo memoria de “su vida aventurera y recordó sus más notables hazañas de bandolero y matachín”, manifestó su último deseo a Wilfrano Vázquez:
Deseo, dijo el Tigre, un traje de charro, pero que sea negro, porque tiempo hace que quiero vestirme así, y aunque pocas horas de vida me quedan, siquiera durante ellas, tendré esa satisfacción.
Lo tendrá usted, Negrete, contestó el señor Vázquez.
El traje negro de charro, con un sombrero ancho galoneado, llegó a la alcaidía a las diez de la mañana del miércoles, e inmediatamente le fue entregado a Negrete. Éste, sin perdida de tiempo, se vistió con él, y suplicó que se le permitiera afeitase la barba.
Desde ese momento, y por única vez en su vida, quedó convertido en un elegante charro. Esa imagen fue perpetuada en la fotografía más conocida de “El Tigre de Santa Julia”, y sirvió desde entonces para alimentar a la leyenda, suponiendo que ésa era la forma habitual de vestir de José de Jesús Negrete.
El Tiempo, en la misma edición, continúa reseñando detalladamente las horas de Jesús Negrete en capilla:
Satisfecho se manifestaba Negrete con su indumentaria. Permaneció con el sombrero puesto, desde las diez, hora en vistió el traje negro, hasta las doce y media, en que le fueron servidos los alimentos de medio día.
Tres comidas le fueron enviadas: una de la casa del señor don Wulfrano Vázquez; otra de la casa del subalcaide y la tercera, de la señora Roqueñí, persona de sentimientos piadosos y muy caritativa, que viene a ser ángel de consuelo para los presos […]
Jefe Magaña, dijo Negrete al oficial de gendarmes, subjefe de la escolta, lo invito a comer.
      Comeré con usted por última vez, dijo el oficial.
Hasta ese momento se descubrió la cabeza Negrete; se quitó el sombrero charro, y con sumo cuidado lo colocó sobre una silla, procurando que no sufriera maltrato.
Comieron con apetito. Negrete devoró los platillos, y cuando terminó el último, continuó engullendo trocitos de pan y dando sorbos de café […]
Platicó; mejor dicho, habló de un hijo, sin permitir el uso de la palabra a Magaña. Fue aquella sobremesa de monólogo, no de diálogo entre los dos comensales. Locuaz, locuaz, muy locuaz estuvo el Tigre. Habló de esto, de aquello, de lo de más allá, sin respirar, relatando sus aventuras y refiriéndose a sus conquistas amorosas. Porque, hay que decirlo, Negrete no tenía familia propiamente dicha, pero tuvo, en cambio, muchas diferentes familias improvisadas. No era precisamente un “Tenorio” en la acepción que se da al término convencional, sino el macho que va fecundando a su paso a cuanta mujer débil o víctima de la seducción encontrara a su paso. A esto se debe que haya tenido varios hijos en distintas madres pero no formaban, naturalmente, una familia homogénea, sino una serie de descendientes de un mismo tronco, sin cohesión entre si. Por eso no hubo una sola visita de familia, para Negrete, sin embargo de su docena y media de hijos.

La última noche

Un poco después de las once de la noche, Negrete se desnudó tranquilamente, se metió en la cama, se fumó un puro hasta la mitad, y se durmió.
Al sonar las cuatro de la madrugada del día 22 de diciembre, fue despertado por el comandante de la guardia de capilla, Ricardo Larralde. El Tiempo continúa su detallada crónica de la siguiente manera:
Se vistió violentamente, como si tuviera prisa de ir al arreglo de un asunto urgente, y saltó de la cama. Respiró fuertemente; arregló el pelo, cortado a la americana, y anudó su corbata […]
Se dirigió a paso lento a la puerta y antes de llegar al dintel, dirigió la mirada hacia arriba, y fijó durante algunos momentos la vista en el cielo, cuya comba empezaba a colorear la aurora. Fue la última alborada que hirió aquella retina, que dos horas después se apagó para siempre, justo en los momentos en que el sonrosado colorido de la alborada se diluía también.
El padre Villaláin, que había permanecido con Negrete en la capilla, seguía insistiendo para que el reo se confesara. La respuesta fue la misma que muchas veces había repetido “El Tigre”: “No, padre, ya he dicho a usted que no he de confesarme […] perdemos el tiempo usted y yo”.
Accedió a oír misa. El padre Villaláin le prendió en el pecho algunas medallas y le puso dos escapularios. Negrete se inclinó un poco, hizo una genuflexión y tocó con los labios uno de los escapularios. Desde el momento de la Consagración, Negrete extendió los brazos en cruz y así permaneció hasta que la Misa terminó. El sacerdote dio la bendición, y el reo de muerte inclinó la cabeza. Enseguida se puso de pie, dispuesto a ir al encuentro de su destino.

(CONTINUARÁ LA ÚLTIMA PARTE: El último momento de El Tigre de Santa Julia)



[Todos los artículos la serie "Desvelando la leyenda del Tigre de Santa Julia" que han sido publicados en este Blog Horario: consagrado a las horas, son de la autoría de Horacio Olmedo Canchola, como resultado de una investigación hemerográfica y documental independiente. Quedan reservados todos los derechos y protegidos por las leyes nacionales e internacionales sobre el Derecho de Autor.] 

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