SEMBLANZA CURRICULAR

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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

jueves, 10 de agosto de 2017

HACE DOSCIENTOS AÑOS... (5)


SITIO Y RESISTENCIA INSURGENTE EN EL SOMBRERO 

 

La mañana del 31 de julio de 1817, el ejército realista al mando del mariscal Pascual de Liñán estableció formalmente el sitio al fuerte El Sombrero, que defendían en el interior las tropas de Pedro Moreno, Miguel Borja, Encarnación Ortiz y González, apoyados por Xavier Mina y la fuerza remanente de su División Auxiliar (James A. Brush dice que ya no pasaban de 160 los efectivos de la División, incluyendo a los nativos de Soto la Marina).

Según Pascual de Liñán, en El Sombrero había un total de 600 a 700 hombres bien provistos de armas y municiones, con 20 piezas de artillería.

William D. Robinson anota que El Sombrero estaba defendido por 650 efectivos, aunque su población total era de alrededor de 900 individuos, incluyendo trabajadores, mujeres y niños. También informa que todo lo que se tenía para resistir el sitio eran veinticinco cajas de municiones y provisiones para diez días.  Sin embargo, en otra parte de su obra, interpretando a Brush, narra una situación muy diferente y contradictoria de abundancia en la fortaleza, generada por los fondos tomados en la hacienda del Jaral. Dice que se pagaron los sueldos de los soldados, y que se reclutaron muchos hombres que llegaban de toda la región; que se enviaron agentes con fondos suficientes a Querétaro, a México y a muchas de las poblaciones donde había industria, para comprar telas y ropa blanca; que se adquirieron equipos y uniformes, zapatos y sombreros, y que se erigió un arsenal en el fuerte y se estableció una armería bajo la dirección de un oficial de la Guardia de Honor, que se suministraron todos los artículos necesarios y aun de lujo y, como la División tenía mucho dinero, pronto se tuvo en el fuerte un mercado igual o quizá superior a cualquiera de los de las poblaciones realistas de las llanuras. La realidad, por desgracia, era la del primer escenario descrito.

Paisaje del cerro del Sombrero
Xavier Mina mantuvo comunicación con el padre Torres desde el comienzo del sitio, y a cuatro días de haberse iniciado le informaba que ya hacía tres días que carecían de agua en el fuerte, pues una de las primeras acciones de Liñán fue establecer una guardia cerca de la fuente que manaba en la barranca, para impedir a los sitiados abastecerse del líquido como hasta entonces lo habían hecho.

En varias cartas fechadas el 2 de agosto (al día siguiente de haber iniciado el ataque de Liñán), Mina, desesperado, instaba al padre Torres para que “reuniendo todas las fuerzas, marche contra Guanajuato, impidiendo toda comunicación entre Silao, León y los sitiadores”. Pero lo que pedía Mina era imposible: el poderoso ejército de Liñán se componía de tres mil quinientos hombres, y su estrategia consistía en operar con cuatro secciones: tres que sitiaban y atacaban al fuerte, y otra, al mando de Juan Rafols, con mil hombres, que correría entre León, Silao y Guanajuato para vigilar y neutralizar los movimientos del padre Torres y evitar cualquier tipo de auxilio al fuerte.

La mayoría de los autores, siguiendo a Robinson (y éste interpretando a Brush), señalan que por envidia Torres ignoraba las necesidades de Mina y de los sitiados. Sin embargo, Agustín Rivera, en forma más objetiva, señala que las causas y la suerte del padre Torres eran las mismas que las del Sombrero, y que —más conocedor Torres que Mina de la situación militar y topográfica de la región— no secundó los deseos del navarro porque no pudo hacerlo, como más tarde lo probaría el mismo Mina con un intento de introducir víveres al fuerte, y no pudo.

Ciertamente, existen evidencias de que el padre Torres hizo intentos para auxiliar al Sombrero, pero fue rechazado por Rafols. Robinson también lo reconoce, aunque no pierde la oportunidad de desvalorarlo, diciendo que “al avanzar [Torres] con su acostumbrado descuido cayó en una emboscada que le tendió el enemigo cerca de Silao”. 

Por otro lado, basándose en los informes de los comandantes que participaron en los hechos, Ruiz de Apodaca da cuenta al Secretario de Estado y del Despacho de Guerra (31 de agosto de 1817) de los intentos de Torres, diciendo que las condiciones del Sombrero y la calidad de sus defensores obstaculizaban la caída del fuerte y daban a los insurgentes la confianza de sostener el sitio y rechazar los ataques de los realistas, sobre todo porque contaban —dice explícitamente— “con los esfuerzos que según el plan combinado entre ellos debía hacer el clérigo apóstata Josef Antonio Torres titulado comandante general de la provincia de Guanajuato, que dispone de las numerosas gavillas que existen en aquel distrito, para incomodar a los sitiadores, e introducir víveres y demás auxilios en la posición enemiga, llamando al mismo tiempo la atención por diversos puntos”.

Uno de esos intentos que hacía el padre Torres para distraer a Juan Rafols fue atacar la Piedad el 7 de agosto, con el apoyo de Noboa, Huerta, Lucas Flores y Calixto Aguirre, pero tampoco tuvo éxito.

Plano de localización de los fuertes insurgentes de El Sombrero, Los Remedios y Jaujilla, 1817 (RAHE)
De cualquier manera, en El Sombrero se agotaron muy pronto los víveres y las municiones. En tales circunstancias, Xavier Mina, impotente, decidió escapar del fuerte la noche del 8 al 9 de agosto, acompañado por los coroneles insurgentes Miguel Borja y Encarnación Ortiz, con la intención de llegar a Los Remedios en busca de auxilio. El fuerte del Sombrero había quedado a cargo del coronel Young, segundo de Mina, y de Pedro Moreno. Xavier Mina y sus compañeros llegaron a Los Remedios al día siguiente.

Monumento en el sitio de El sombrero
Dos días después, el 11 de agosto, buscando poner en práctica la estrategia de Mina, que consistía en tomar Guanajuato, Encarnación Ortiz atacó la mina de la Valenciana, pero fue rechazado. Al día siguiente, las tropas de Borja y Lucas Flores con el padre Torres, Mina y Noboa al frente, harían otro intento, atacando en la hacienda del Sauz un convoy al mando de Juan Rafols, que llevaba víveres de Guanajuato a Comanja, pero también fueron rechazados.

El último intento por ayudar a los sitiados lo hizo Mina la misma noche del 12 de agosto, cuando en compañía de Encarnación Ortiz y su gente pretendió introducir agua y provisiones al Sombrero, pero fueron recahzados al ser descubiertos, y tuvieron que abandonar los víveres que pretendían hacer llegar a los sitiados. Mina quedó convencido de que lo único que podían hacer los del fuerte era evacuarlo.

Pascual de Liñán sabía que tenía seguro el triunfo, y su principal objetivo no era simplemente arrasar un punto fortificado, sino —como dice en su parte militar— “evadido Mina, destruir la gavilla de bandidos extranjeros que había traído consigo. Estos hombres decididos a pelear por sus vidas, y entre los cuales hemos visto que había oficiales de valor, capacidad y conocimientos militares, eran sin duda más importantes que el mismo Mina. Éste podía ser reemplazado con ventaja por alguno de ellos; pero a ellos no hallará Mina quien pueda reemplazarlos”.

NOTA: Este artículo es un fragmento del libro inédito "Resistencia insurgente en el Bajío (1813-1818), de Horacio Olmedo Canchola. Reservados todos los Derechos. Queda prohibida su difusión, copia o almacenamiento sin autorización expresa del Autor.

martes, 1 de agosto de 2017

HACE DOSCIENTOS AÑOS... (4)


31 de julio de 1817

COMIENZA EL SITIO AL FUERTE DEL SOMBRERO


Después de que el doctor José de San Martín y el teniente general José Antonio Torres dejaron la fortaleza de El Sombrero para regresar uno a Jaujilla y el otro a Los Remedios, Xavier Mina, ya con oficio de mariscal de campo (mismo rango que tenía Pedro Moreno), decidió quedarse en el fuerte con sus expedicionarios, pese al ofrecimiento que le hizo el padre Torres para que él y su División se alojaran en Los Remedios.

James A. Brush, oficial inglés que acompañó a Mina y estaba en El Sombrero, dice que no es fácil comprender los motivos por los que Mina rehusó la propuesta de Torres, teniendo en cuenta que el fuerte de Los Remedios era una fortificación infinitamente más segura y cómoda que el fuerte del Sombrero.


Vista del Fuerte El Sombrero
Por otro lado, J. M. Webb, oficial norteamericano que también estaba en El Sombrero, dice que los oficiales de la División le manifestaron a Mina la necesidad de dejar el fuerte, pues estaba desprovisto de agua y provisiones. Pero “Mina estaba alucinado y engañado por Pedro Moreno, que le decía [que] no tenía peligro alguno de permanecer, que si el Sr. Liñán avanzaba y atacaba a pocos días se vería precisado a levantar el sitio”. Y luego aclara:

Nosotros respondimos a Mina si creía que el Sr. Liñán era un loco. Mina respondió que no, todo lo contrario, pues conocía al Sr. Liñán, pero que éste tampoco era un oficial experimentado. Le hicimos ver que no se requerían talentos ni experiencia para reducir aquel fuerte, pues todo lo que se necesitaba era sitiarlo, pues al cabo de algún tiempo nosotros mismos nos pondríamos en manos del enemigo mediante la falta de agua y provisiones. Mas a todo esto Mina no hizo la menor atención. Parecía poseído de un espíritu engañoso que fue la destrucción de su División y de él mismo.

Plano del sitio al Fuerte El Sombrero (RAHE. Colección Ruiz de Apodaca)

Mina se sentía confiado por los éxitos obtenidos hasta ese momento, y decidió atacar a la villa de León, la noche del 23 de julio, con tropas de Pedro Moreno, la guardia de honor y el regimiento de la Unión. El ataque fue repelido por los realistas al mando del brigadier Pedro Celestino Negrete y derivó en un rotundo fracaso para los insurgentes, que dejó la pérdida de más de 100 hombres, entre otros, el coronel Matisse, el ayudante militar de Mina y un sirviente negro que lo había acompañado desde Haití.

La derrota en esa acción, que muchos autores califican de imprudente por la inminente llegada de Liñán con el ejército realista, significó el rompimiento del aura de invencibilidad que se había creado alrededor de Mina, y el comienzo de sucesivos reveses que terminarían con la captura y muerte de Mina.

Por el lado de los realistas, como era previsible, siguiendo las instrucciones del virrey, Pascual de Liñán llegó a León el 30 de julio, y  se presentó frente al Sombrero la mañana del 31 de julio de 1817 con más de tres mil quinientos hombres. Su estrategia consistía en dividir el ejército en cuatro secciones: tres para sitiar el fuerte, y otra, con mil hombres al mando de Juan Rafols, que correría entre León, Silao y Guanajuato para vigilar y neutralizar los movimientos del padre Torres y evitar cualquier tipo de auxilio al fuerte.

No obstante, poco antes de la llegada de Liñán, el 27 de julio, por instrucciones del padre Torres, el comandante insurgente Miguel Borja logró entrar al Sombrero con 200 hombres y un convoy de víveres.

En un oficio de fecha 31 de agosto enviado al Ministro de Guerra, el virrey Juan Ruiz de Apodaca da cuenta de lo anterior, de la siguiente manera:

Llegado a la villa de León el mariscal de campo Don Pascual de Liñán el día 30 del propio mes, y reuniendo allí las tropas auxiliares de la nueva Galicia, y las demás de que podía disponer, marchó al día siguiente a situarse sobre la fortificación que el rebelde Pedro Moreno había construido en la sierra de Comanja, provincia de Guanajuato, donde se habían encerrado, además de dicho cabecilla, el traidor Mina con los restos de extranjeros y malos españoles que desembarcaron con él en Soto la Marina, los bandidos Borja, Ortiz, González y otros del Bajío con sus gavillas, componiendo por todo el número de 600 a 700 hombres bien provistos de armas y municiones, con 20 piezas de artillería.

La expresada fortificación, así por lo escarpado y casi inaccesible del cerro del Sombrero en que estaba situada […] como por las obras de defensa que los rebeldes habían construido, y calidad de sus defensores, presentaba grandes obstáculos para su rendición, y daba a los malvados la mayor confianza de sostenerla, y rechazar los ataques de las tropas del Rey nuestro Señor; contando también con los esfuerzos que según plan combinado entre ellos debía hacer el clérigo apóstata Josef Antonio Torres, titulado comandante general de la provincia de Guanajuato, que dispone de las numerosas gavillas que existen en aquel distrito, para incomodar a los sitiadores, e introducir víveres y demás auxilios en posición enemiga, llamando al mismo tiempo la atención por diversos puntos.

A pesar de estos inconvenientes, y de los que opone la rigurosa estación de aguas, que son muy abundantes en aquella serranía, el general Liñán, dividiendo las tropas de la división de su cargo en tres secciones, la primera a sus inmediatas órdenes, en que se hallaba el coronel del regimiento de Zaragoza brigadier D. Domingo Loaces; la segunda a las del brigadier D. Pedro Celestino Negrete, y la tercera a las del coronel Josef Ruiz, que los es el batallón de Navarra, las situó en puntos convenientes, estableciendo puestos de infantería y caballería para impedir las salidas de los sitiados, no permitirles que tomasen agua en las barrancas inmediatas, ni les entrasen otros auxilios.

Abrió la trinchera desde el día 1º del presente, y aproximando más la batería en los siguientes al punto principal de ataque, que permitía la escabrosidad y aspereza del terreno […] estrechó a los sitiados por todas partes.

Así comenzó el trágico sitio a la fortaleza de El Sombrero…



NOTA: Este artículo es un fragmento del libro inédito "Resistencia insurgente en el Bajío (1813-1818), de Horacio Olmedo Canchola. Reservados todos los Derechos. Queda prohibida su difusión, copia o almacenamiento sin autorización expresa del Autor.