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Nació en Cuerámaro, Guanajuato. DOCTOR EN ARQUITECTURA (2009), Maestro en Arquitectura (2000) y Arquitecto (1976), por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Socio Activo de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística; profesor de asignatura en Posgrado en Arquitectura (FA UNAM), coordinador y ponente de diplomados en la DECAD FA UNAM, profesor titular en la Universidad Marista campus Ciudad de México, profesor invitado de posgrado por la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), conferencista, aficionado a la pintura, la música, la historia y la literatura; viajero empedernido, autor de la monografía histórica "Cuerámaro... desde los muros de una hacienda" publicada en la edición especial de la Colección Bicentenario (2010), Gobierno del Estado de Guanajuato,

martes, 31 de enero de 2017

CUERÁMARO... la historia recuperada (3)



FUNDACIÓN DE LA HACIENDA DE CUERÁMARO

 
Panorámica de la antigua Hacienda de Cuerámaro durante el primer tercio del siglo XX.

 

MEMORIA EN MOVIMIENTO


En 1541, el capitán español don Juan de Villaseñor Orozco participó en la Guerra del Mixtón, al lado del virrey don Antonio de Mendoza. Es probable que a su regreso comenzara a colonizar el territorio de chichimecas al norte del río Grande, donde fundó sus haciendas de Tupátaro y de Cuerámaro, al menos dos años antes de que le fueran otorgadas las mercedes del 8 de enero de 1543, y tres, antes de que recibiera la de Túpátaro.

La merced de Tupátaro, que le fue otorgada por Francisco Vázquez de Coronado, el 20 de junio de 1544, dice lo siguiente:

Yo francisco Basquez de Coronado […] =Por la presente en nombre de su magd. señalo e doy a vos Juan de Villaseñor una estancia para ganado mayor en las chichimecas por el camino que va á coramaro en una sieneguilla que se hace de una fuente que nace junto á un cerrito con una caballería de tierra= mas os doy en el dicho nombre otra estancia para el dicho ganado frontero de coramaro al norte pasado el Río en un rincón que hace un cerro que se parece de coramaro e con ella otra caballería de tierra para vos e para vuestros herederos y subcesores [...] fecho en guadalaxara en veinte de Junio de mill y quinientos y quarenta y quatro años = francisco Basquez de Coronado=
De esa manera, tanto en el caso de la hacienda de Cuerámaro como en el de Tupátaro, así como en el de los otros pueblos en los que pidió autorización para fundar estancias, la merced no fue otra cosa que la regularización de la situación de la propiedad de tierras que de hecho habían sido ocupadas con anterioridad, y el reconocimiento legal de las haciendas fundadas en ellas, como era costumbre en aquella época.

Así comenzaron los avatares de la hacienda agrícola y ganadera que al paso de los siglos daría origen y nombre a la ciudad de Cuerámaro y a su municipio…

LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ

Durante la primera mitad del siglo XVI, para designar el tipo de merced que se concedía, se utilizaban principalmente los términos de estancia, labores, caballerías y sitios para ganado mayor o menor.

De manera general, la estancia se refería a cierta extensión de terrenos para producción agrícola o ganadera, en la que se asentaban casas que habitaban los propietarios y sus trabajadores; pero también definía a ciertos núcleos de población como ranchos o poblezuelos con escasos habitantes.

El término hacienda adquirió un significado más amplio y preciso para determinar una propiedad rural con una gran extensión de tierra contigua, con un grupo de construcciones que generalmente incluían la residencia del propietario, del administrador y de los peones, así como una capilla, graneros, establos y corrales.

De esa manera, dentro de la hacienda, el término estancia se refería específicamente a la casa principal y al casco de la hacienda.

En este artículo, al decir hacienda nos referimos de manera general a las construcciones y a la infraestructura, molinos, trojes, aperos, ganado, etcétera, considerando implícitamente el dominio sobre los recursos naturales y terrenos que la integraban, así como la fuerza de trabajo.

LA CASA GRANDE DE LA ANTIGUA HACIENDA DE CUERÁMARO


Arcada y capilla de la antigua Hacienda de Cuerámaro (1965)

La casa grande de la hacienda de Cuerámaro fue construida donde ahora se encuentra el templo de Cristo Rey (actualmente llamado de San Francisco de Asís).

Tenía al frente un portal con ocho arcos de medio punto, de cantera, viendo al oriente, apoyados en columnas toscanas también de cantera.


Portal de la antigua Hacienda de Cuerámaro (1926)
El portal estaba cubierto con techo de viguería y terrado; aunque ahora sólo queda la arcada del portal, ya sin techo, a la que inclusive le modificaron sus proporciones como resultado de diversas intervenciones, la última fue cuando se revistió de cantera el nuevo templo.

A través de los arcos de medio punto se podía ver la puerta de la casa, y cuatro esbeltas ventanas al lado norte de la puerta, y dos al sur, con marcos de cantera.

La puerta principal daba acceso a un corto pasillo que terminaba en un arquito sostenido con columnas pareadas de cantera.

El pasillo desembocaba en el patio interior, rodeado con amplios portales techados con viguería y terrado, a donde se abrían las puertas y ventanas de los principales aposentos.


Interior de la antigua Hacienda de Cuerámaro a principios del siglo XX.
Arcada del portal de la Hacienda de Cuerámaro.
La capilla de San Francisco de Asís (conocida como el “templo chiquito” desde mediados del siglo pasado) remataba y cerraba el portal por el lado norte, mientras que al lado contrario, al sur, quedaba un arco que miraba a las trojes.

Al lado oriente de la capilla, estuvo el camposanto, al que se accedía desde la capilla por la puerta lateral de la nave. Algunas personas han dicho equivocadamente que el cementerio abarcaba buena parte de la plaza y que llegaba hasta el jardín actual. Lo cierto es que el panteón de la hacienda estaba confinado en lo que actualmente es un atrio o patio lateral de la capilla, atrás de las oficinas parroquiales. Las osamentas que se encontraron fuera de esa área, en donde actualmente está el jardín y casas de comercio, correspondían a entierros que se hicieron en distintos lugares, sobre todo como resultado de batallas entre insurgentes y realistas, pero en realidad no se puede decir que el camposanto llegara hasta esos sitios.


Arcada de la antigua Hacienda de Cuerámaro a principios del siglo XX.

Al lado sur de la casa grande, cerrando la plaza de la hacienda, existían tres grandes trojes de sólida construcción, con muros y contrafuertes de más de un metro de espesor.
A finales del siglo XIX, las construcciones de las trojes comenzaron a reutilizarse como vivienda y comercios. En una de ellas, donde hacía esquina la calle Juárez y el Jardín de los Héroes (que hoy ocupa el anexo frontal del Mercado Hidalgo), en la que fuera la casa y la tienda de don José Vicente Canchola y actualmente es una casa de cambio, todavía se puede observar lo que queda de una de esas trojes, y justo en la esquina, la base de uno de sus contrafuertes.

Construcción que fue una troje de la antigua Hacienda de Cuerámaro (1926)


(CONTINUARÁ)

[Todos los artículos que se publican en este Blog Horario: consagrado a las horas, son de la autoría de Horacio Olmedo Canchola, y se publican como resultado de una investigación histórica independiente. Quedan reservados todos los derechos de autor y protegidos por las leyes nacionales e internacionales sobre el Derecho de Autor.]  

martes, 24 de enero de 2017

CUERÁMARO... la historia recuperada (2)


JUAN DE VILLASEÑOR, FUNDADOR DE LA HACIENDA DE CUERÁMARO


Juan de Villaselor Orozco (Retrato en Villa Morelos)
Poco se conoce acerca del capitán español don Juan de Villaseñor Orozco, fundador de la hacienda de Cuerámaro.
Aunque es muy amplia la bibliografía en la que se cita su nombre, su descendencia, sus encomiendas o sus propiedades, el desconocimiento ha llevado a diversos autores a confundirlo con su hijo Juan de Villaseñor Cervantes, el mozo.

Además de lo anterior, dependiendo del enfoque del estudio, de la posición del cronista o del momento histórico en el que fueron escritas las obras, algunos autores lo han glorificado y engrandecido por sus méritos; otros, al contrario, lo han envilecido hasta la exageración.
Entre los primeros se encuentran, Basalenque, Beaumont y Dávila Garibi. Entre los segundos, Goldschmidt y Guadalupe Rivera Marín.

De cualquier manera, en lo que se refiere al conquistador y encomendero, el capitán don Juan de Villaseñor Orozco es la pieza fundamental en el armado del rompecabezas histórico de Cuerámaro. Sin ella no se podrían acomodar las otras piezas, que sólo encajan en las entrantes y salientes que marcó aquélla pieza primigenia.

MEMORIA EN MOVIMIENTO


Juan de Villaseñor Orozco nació en Torrubia de Uclés, al noreste de la región de Castilla-La Mancha, en el año de 1500. Algunos autores creyeron que había nacido en la Villa de Vélez, por una mala transcripción del nombre de Uclés que se hizo al publicar Dávila Garibi el testamento de Juan de Villaseñor; sin embargo, el conquense Manuel Amores Torrijos ha esclarecido que don Juan de Villaseñor y Orozco nació en una aldea que por aquella época pertenecía al Común de Uclés, llamada Torrubia de Uclés, actual Torrubia del Campo, en la Provincia de Cuenca.

Fue hijo de Diego de Burgos y Tovar, alcalde de la fortaleza de Uclés, y Guiomar de Orozco y Sandoval.

Monasterio de Torrubia de Uclés, conocido como "El Escorial de Uclés" (Tomado de Turespaña)

Juan de Villaseñor llegó a la Nueva España en 1524. En 1527, en reconocimiento a sus méritos, Hernán Cortés le concedió encomienda y repartimiento de indios en Michoacán.

Por la extensión de sus encomiendas, diversos autores han considerado que "la propiedad" de Juan de Villaseñor fue tan grande como el actual estado de Guanajuato. Por ejemplo, Goldschmidt dice que Juan de Villaseñor “recibió la mayor parte del actual Estado de Guanajuato, de ricas tierras y minas de plata, y de una extensión de diez mil millas cuadradas”.

Es conveniente hacer algunas aclaraciones sobre lo que asienta Goldschmit:

Una milla cuadrada equivale a 2.5899 km2, por tanto, diez mil millas cuadradas serían 25 899 km2. Si se compara esta cifra con la superficie del actual estado de Guanajuato (30 589 km2) efectivamente la anterior sería casi la que ocupa el actual estado. Sin embargo, la mayoría de los pueblos de la encomienda de Juan de Villaseñor no estaban en territorio guanajuatense, sino que incluía pueblos de los actuales estados de Michoacán, Guanajuato y Jalisco.

La encomienda de Juan de Villaseñor Orozco abarcaba los pueblos de Guango, Puruándiro, Conguripo, Guanandacuaro, Acapo o Valle Florido, Ytuato, los Guascatos, Ayo el Grande, Ayo el Chico, Xalpa y Acámbaro (homónimo del pueblo fundado por Nicolás Montañez de San Luis), y los que, según el testamento de Juan De Villaseñor Orozco, heredó en vida a su hijo Juan de Villaseñor Cervantes (el mozo), que eran Cherapécuaro, Cherecho, Ménguaro, Languencien, Sinerteo, Yanzicuaro, Chapatiro, Tangancícuaro, Guandácuaro, Guandaro, Tirimiquero, Caparuato, Numarán, Mutaro, Pénjamo y Guanímaro.

Por otro lado, Guadalupe Rivera Marín, siguiendo a Goldschmidt, escribe:

En base (sic) al despojo hecho a las tierras de los pueblos indígenas y a las mercedes magnánimas que llegaron a efectuarse con complacencia de los cabildos, y más tarde por los virreyes y presidentes de las audiencias, la propiedad privada llegó a tener dimensiones tales como la encomienda de Juan Villaseñor y Cervantes (sic), que representaba un área de más de veintiséis mil kilómetros cuadrados, y que comprendía casi todo lo que hoy es el estado de Guanajuato.

Ciertamente, la extensión de las encomiendas de Juan de Villaseñor fue muy grande. Beaumont anota que las tierras de la encomienda eran “todas las buenas que había en la Provincia de Michoacán, mirando de Guango al Río Grande”; sin embargo, es cuestionable que equivocadamente se supongan de Juan de Villaseñor Cervantes (el mozo), o bien, que tal extensión sea considerada propiedad de Juan de Villaseñor Orozco, porque —como quedó dicho, y la misma Guadalupe Rivera lo menciona en su obra— la encomienda sólo daba el derecho de usufructo, no de propiedad de la tierra.

SU LINAJE…


El padre Basalenque dice que Juan de Villaseñor “tuvo muchos hijos e hijas, de donde salió lo bueno que tiene la provincia de linajes: los Villaseñor, Cervantes, Orozco, Ávalos, Bocanegras y Contreras”.

En efecto, a través de dos matrimonios, el primero con Catalina Cervantes de Lara y Andrada, en 1532, y luego, a la muerte de ésta, con Isabel de Mérida, hacia 1548, don Juan de Villaseñor Orozco formó uno de los linajes más distinguidos en la Nueva España.

Los hijos de su primer matrimonio fueron: Guiomar de Andrada, Juan de Villaseñor Cervantes (el mozo), Francisco de Orozco Tovar, Diego de Orozco Cervantes, María de Orozco. Del segundo matrimonio nació Gabriel de Villaseñor.

(Nota aclaratoria: En mi libro Cuerámaro… desde los muros de una hacienda, dije que María de Orozco había sido hija del segundo matrimonio de Juan de Villaseñor, cuando en realidad fue del primero, y ella recibió de su padre la hacienda de Tupátaro, como dote en su matrimonio con el capitán García de Contreras Figueroa.)

Del linaje de los matrimonios de Juan de Villaseñor Orozco, según Dávila Garibi, Zamarroni Arroyo y Antonio Arriaga, descienden muchos personajes ilustres, entre otros, principalmente: Miguel Hidalgo y Costilla, Agustín de Iturbide, el conde de Valenciana, los condes de Miravalle y José Garibi Rivera, primer cardenal mexicano.

CONQUISTADOR Y FUNDADOR DE PUEBLOS


Juan de Villaseñor Orozco participó en la guerra del Mixtón contra los chichimecas, acompañando al virrey don Antonio de Mendoza. Fue dos veces visitador de la Nueva España y protector de la Orden de San Agustín en Michoacán, a la que le construyó el convento de Guango.

Beumont dice:

[…] arregló á vida política y cristiana dicho Don Juan de Villaseñor á los indios tarascos con infatigable y apostólico celo, granjeándose el amor y reverencia no sólo de dichos indios y españoles que había en la Provincia, sino hasta de los superiores que residían en México, principalmente de los excelentísimos señores Virreyes, quienes le trataban con particular atención […]

Conforme a lo anterior, el 15 de febrero de 1543, el virrey don Antonio de Mendoza lo comisionó para que junto con los encomenderos Juan de Alvarado y Luis de León Romano fundara la "ciudad de Michoacán nueva", en el valle de Guayangareo, la que luego se llamó Valladolid, y hoy Morelia.

MURIÓ EN SU HACIENDA DE CUERÁMARO Y FUE SEPULTADO EN GUANGO…


Retrato en la capilla de Guango
El capitán don Juan de Villaseñor Orozco murió en su hacienda de Cuerámaro, después de recibir los sacramentos y dictar su testamento, el jueves 24 de mayo de 1566, según consta por la declaración de testigos contenida en el mismo testamento.
Fue sepultado, cumpliendo su voluntad, en el monasterio de Guango (hoy Villa Morelos, Municipio de Morelos, en el estado de Michoacán).
En esa capilla se encuentra actuelmente un retrato de tan ilustre personaje, aunque se trata de una copia al óleo, de otra pintura que no he podido localizar, y que reprodujo Ignacio Dávila Garibi en las Memorias de la Academia Mexicana de Genealogía y Heráldica. Al pie del retrato se colocó un letrero que parafrasea voluntad manifestada en testamento de Juan de Villaseñor, pero equivocando la fecha y el año, pues dice 25 de mayo de 1576.

El testamento de Juan de Villaseñor fue localizado por el señor Jesús Amaya en el Archivo del Ayuntamiento de la Ciudad de México, y fue publicado por el Lic. José Ignacio Dávila Garbi en las Memorias de la Academia Mexicana de Genealogía y Heráldica, en septiembre de 1946.


En el testamento comienza diciendo:

En el nombre de Dios todo poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, hago esta declaración para que valga por testamento o codicilo y última voluntad mía tanto como si fuese mi testamento hecho ante Escribano de Su Majestad, por cuanto no lo hay aquí a mano, y yo me hallo muy agravado, y esta mi voluntad ansí quiero que se cumpla. Primeramente mando mi anima a Dios, que por su infinita bondad haga misericordia de ella.

Ítem, mando que mi cuerpo sea enterrado en mi pueblo de Guango, en donde doña Isabel de Mérida, mi legítima mujer, y Francisco de Orozco Tovar, mi hijo, quisieren y señalaren.

Por último, después de una explícita relación de los términos de la voluntad del moribundo, el documento concluye de la siguiente manera:

Ítem declaro que si en algún tiempo faltare el monasterio de Guango, se pasen mis huesos, y de mis herederos, al monasterio de los frailes agustinos que está en la ciudad de Guayangareo, y la dicha Capellanía, y por todo esto es mi voluntad última, y quiero que se cumpla, lo firmé de mi nombre, siendo testigos García de Contreras Figueroa y Francisco Pérez y Juan Fernández y Francis Fernández y Juan González y Francisco Orta. Fecho en esta estancia de Querambaro en veinte y cuatro días del mes de mayo de mil e quinientos y sesenta y seis años.




Diferentes vistas de la iglesia del ex convento agustino de Guango (hoy Villa Morelos)

(CONTINUARÁ)

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